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Louise Bourgeois II

En la primera parte de esta serie sobre Louise Bourgeois decía que, en realidad, su trabajo no me había parecido extraordinario. De una manera fortuita, luego llegó a mí el siguiente pensamiento: el arte debe estar enmarcado en un contexto social, antes que en uno intelectual. Lo cierto es que toda pieza de arte, una vez colocada ante la mirada del espectador o lector, ya es social. Ahora bien, creo que podría matizar y decir que, de origen, la pieza de arte tendría que estar con la mirada puesta en el acontecer social. 

Creo que, desde aquello que Umberto Eco llamaría "intentio auctoris*", el arte debería tener sus referentes más fuertes en la sociedad dentro de la que se produce y no en una onanista intelectualidad, cuyo elitista y minoritario público está sólo entre quienes comprenden el entramado intertextual que va de la pieza de arte y sus referentes.

Al recorrer las diferentes salas que conforman Petite Maman, se puede leer en los muros explicaciones sobre la fuerte influencia que tiene Freud sobre la autora. A esa lectura freudiana hay que añadir lo que ya se evidencia desde el título de la exposición, amén de todo lo que se ha dicho en la prensa.

Desde luego, el autor siempre será libre (y hasta de manera natural) de sentar su obra sobre las fuentes o influencias que mejor considere; pero, en definitiva, estoy convencido de que cuando un autor se compromete con el arte, al mismo tiempo debe comprometerse con un contexto social, más allá de toda referencia íntima.

De paso, cabría aquí intentar una distinción: con "compromiso social" no quiero entender "arte militante". Éste último casi siempre incurre en el pecado contrario: se entrega al discurso panfletario y efímero de la protesta y olvida su compromiso con una poética o una estética.

Es cierto que la frontera entre los extremos suele ser difusa; me gusta encontrar el arte en ese límite que coloca a una pieza justo en medio de un acontecer social, sin mayor requerimiento de explicaciones que se encuentran fuera del acto poético. La dificultad de interpretación, si la hay, el lector la debe encontrar en el entramado mismo de la pieza y no en agentes externos. Debo admitir, en todo caso, que el arte siempre debe seducir la mirada del espectador e incitarlo, no obligarlo, a buscar nuevos universos.








*El interesado lector puede encontrar aquí Los límites de la interpretación, texto teórico de Umberto Eco que aborda los conceptos de "intentio auctoris", "intentio lectoris" e "intentio operis". Mi lectura, ahora, es lejana y difusa; espero que una inteligencia más lúcida pueda sacar conclusiones más acertadas que las pobremente redactadas en este espacio.

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