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Cabeza de Vaca

Quizá por cuestiones técnicas, o por dar mayor énfasis al drama de la aventura vivida por Álvar Núñez Cabeza de Vaca, la película –Cabeza de Vaca (1990)- no está del todo apegada a las fuentes historiográficas. La cinta comienza en el momento en que el tesorero y sus tres compañeros de naufragio han sido rescatados -después de ocho años de ardua vida entre distintos pueblos indios- por una avanzadilla de exploradores en el aun inhóspito norte de las tierras recién descubiertas. Pero si se compara la cinta con el texto que el mismo Álvar Núñez Cabeza de Vaca nos ha dejado como testimonio de su caminar por las tierras de la Florida, entonces nos daremos cuenta de que, al menos, el comienzo formal de la cinta es lo que el mismo Álvar nos narra hasta el décimo capítulo de los Naufragios. De hecho, en esta escena, la equiparación entre el texto y la cinta es perfecta; nos encontramos con una balsa que flota en medio de la inmensidad de la noche y la inmensidad de la grande mar, en esta balsa viaja nuestro personaje principal y algunos miembros sobrevivientes de la flota que originalmente era de 600 hombres, y cuyos navíos han quedado destrozados debido a las grandes dificultades que presenta la mar. Y de pronto se divisa una segunda barca que surca la oscuridad de la noche, es nada menos que la barca en la que viaja el organizador de tan fatídica expedición, el gobernador y adelantado Pánfilo de Narváez, el mismo que, ante tal situación de dificultad, se expresa en los siguientes términos: “…ya no es tiempo de mandar unos a otros; que cada uno haga lo que mejor le parezca para salvar la propia vida…”; “…y diciendo esto, nos comenta el tesorero Álvar, se alargó con su barca…”.

Una vez tocada tierra comienza la verdadera hazaña de Cabeza de Vaca. A pie, desnudo como un indio, desarmado y sin cruces ni evangelios, se lanzó a la caminata más descomunal de la historia (ocho mil kilómetros a través de lo desconocido), ocho años entre diferentes pueblos indios que lo han tratado de diferentes maneras. Su condición de náufrago entre pueblos desconocidos va de la esclavitud más humillante hasta la de personaje divino que posee el poder de decidir entre la vida y muerte de aquellos indios que lo siguen. Es quizá esta parte la que mayor sentido le dé a la película; si bien el texto nos dice poco de la condición de esclavo por la que atraviesa Álvar, la cinta sí lo remarca, pero sólo con la finalidad de poner al personaje en manos de un misticismo indio que termina por envolver a casi la totalidad de la película. En primer término se presenta la importancia de la magia nativa como un medio seguro para subyugar la voluntad de Álvar. Cabe destacar que las referencias en el texto, al respecto de los rituales religiosos, son casi nulas. En segundo lugar, se recuerda que Cabeza de Vaca nos deja especificado en los Naufragios que tuvo que escapar de aquellos indios que lo esclavizaban, mientras que la cinta nos hace pensar que, para poder obtener su libertad, tuvo primero que atravesar por una espacie de iniciación mágica, tuvo que participar de los rituales místicos de los indios, no sin antes atravesar por serias crisis internas que lo hacen confrontar su identidad castellana con su posición dentro de una nueva sociedad, una sociedad de la que hasta ahora era totalmente ajeno. Pero todas estas cosas no son más que preámbulos que definirán finalmente a Cabeza de Vaca como una especie de protocurandero. Además, el contacto con pueblos más benévolos que los primeros le permitirá presentarse como un tipo mesiánico; o –exageración consciente- como un shaman redentor de los pueblos por los que atraviesa.

Sin lugar a dudas, una de las escenas que más llaman la atención visualmente es con la que cierra la película. Vemos como un grupo de castellanos carga una inmensa cruz a través de las tierras casi desérticas del norte, símbolo de la empresa evangelizadora. Y sin embargo cabe recordar que esa avanzadilla de castellanos que encuentra y rescata a Álvar y a sus tres compañeros, y que –imaginación al aire- ahora cargan esa gran cruz, no es más que un grupo de traficantes de esclavos indios en busca de su presa; acción pretendidamente justificada por la acción del evangelio. Esto último quizá no se exprese tan de manifiesto en la película, pero el mismo Cabeza de Vaca nos deja expresado en su relato cómo es que los cristianos mantenían en un estado de continuo terror a los pueblos indios que, hasta antes de la llagada de los expedicionarios, vivían en aquellas tierras. Quizá una interpretación más sana de lo que significa esta gran cruz que cargan los hombres sea la que se lee en el texto de Cabeza de Vaca, quien da orden a los indios que le siguen de construir iglesias y plantar a la entrada una cruz que les recuerde quién es el verdadero y único dios.

Finalmente, bien se puede concluir que la cinta, tratando de verla de manera totalmente independiente del texto, resulta ser una excelente muestra de lo que se ha dado a llamar “nueva era del cine mexicano”, que desde finales de los ochenta ha tratado de insistir más en calidad –a pesar de las constantes reformas presupuestales- que en cantidad. No resulta el mismo caso para quien lea con algo de detenimiento el texto de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y lo compare con la cinta. Como antes se dijo, la película carece, al menos parcialmente, de veracidad frente a las fuentes historiográficas. Frente a esto, se puede aseverar que se trata de una dramatización o ficcionalización histórica y no de una película apegada a los hechos reales. Así, de esta manera nos queda claro que la película presenta su valor más como obra de arte que como fuente de estudio histórico.


Bibliografía en PDF

Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Naufragios y Comentarios.

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