miércoles

Sin moverse

De entre los múltiples papeles viejos, que se van llenando de cenizas con el tiempo, he rescatado los que he creído respetables para alimentar este Blog. Prueba de ello son las entradas etiquetadas con "Letras hispánicas". En este viaje por el pasado, de pronto, también he dado con textos de creación desterrados en el olvido. De ese lugar que, a veces, brinda esperanzas y sueños rotos he ido a sacar este pequeño texto:

Sin moverse
Quietas
Todas las palabras
Resuenan en el fondo del estanque

De pronto brotan
Saltan
Salpican
Se estrellan
Irrumpen
Contra todo
Para moverse
En un verso

Y luego se apagan
Poco a poco
Como la tarde
Como tus sueños.



*Si te gusta lo que hago en este espacio, también puedes visitar la sección Obras incompletas, en donde aparece una lista de las publicaciones en que he participado. Gracias por compartir. 

lunes

Cómic 4

Cuarta y última entrada sobre la pasada convención de cómic en la Ciudad de México, La Mole.












domingo

Cómic 3

Tercera serie de fotografías sobre la pasada convención de cómic La Mole










viernes

Cómic 2

Segunda serie de fotografías sobre la pasada convención de cómic La Mole












miércoles

Cómic 1


Desde que recuerdo, el cómic siempre ha estado en mi mesa de lecturas. Hoy, a mis casi cuarenta años, quizá no sean tan constantes como en la infancia y la adolescencia, y como yo quisiera. Como se pueden ver en otras entradas de este blog, otras tareas ocupan mis días. Con todo, nunca ha faltado un cómic para entretenerme, pensar, aprender y pasar un buen rato, echando a volar la imaginación.

Ya no recuerdo cuándo fue la primera convención de cómic en México, pero fue hace ya varios años. Acaso habré asistido a las primeras. Luego, como digo, otros menesteres fueron quitándome ese gusto. Entonces comencé a abastecerme (cuando podía) en puestos de periódicos, tiendas de autoservicio y, en el mejor de los casos, en tiendas especializadas. Después de todos estos años, al fin pude darme una escapada a La Mole. La experiencia fue esplendorosa. Desde luego, las cosas han cambiado respecto de mis ahora lejanos recuerdos; en su mayoría para bien.

Encantado con la experiencia, volví a casa con la firme convicción de no perderme más de las futuras convenciones. Como es debido, no regresé con las manos vacías. Ya desde la pasada FILIJ, en donde se presenta FESTO Cómic, me sentí suficientemente recompensado con dos ejemplares firmados del genial Milo Manara (que en mejor ocasión presumiré), aunque mis preferencias siempre han estado con Guido Crepax; Operación Bolivar, también firmado por Édgar Clément; una Buba y varios Gallitos de antaño, marcados por el siempre amable José Quintero. ¿Se puede pedir más?

En esta ocasión, además de saludar de nueva cuenta a Clément y a Quintero, pude conocer a Raúl Cruz (Racrufi), quien antaño hiciera las mejores portadas de El gallito inglés.

Por los pasillos de La Mole se hablaba de los grandes artistas nacionales y extranjeros que estaban presentes y hacían gala de la ocasión. Mis años de ausencia (y consecuente déficit de atención) no me permitieron admirar su trabajo con detenimiento y con el respeto que los buenos conocedores le tributan (seguramente con justicia). Para mí, la felicidad vino a casa a través del primer tomo de Valentina, de mi admirado Guido, que originalmente se publicara por entregas. Agradezco a Manuel Suárez y a Comikaze por esa pequeña alegría, esperando la oportunidad de tener en mis manos los dos tomos restantes.

Pero como este blog también está hecho de imágenes, esta entrada y las tres que le siguen, estarán llenas de algunas de algunas de las fotos que tomé y que ahora comparto con gusto.










martes

Cabeza de Vaca

Quizá por cuestiones técnicas, o por dar mayor énfasis al drama de la aventura vivida por Álvar Núñez Cabeza de Vaca, la película –Cabeza de Vaca (1990)- no está del todo apegada a las fuentes historiográficas. La cinta comienza en el momento en que el tesorero y sus tres compañeros de naufragio han sido rescatados -después de ocho años de ardua vida entre distintos pueblos indios- por una avanzadilla de exploradores en el aun inhóspito norte de las tierras recién descubiertas. Pero si se compara la cinta con el texto que el mismo Álvar Núñez Cabeza de Vaca nos ha dejado como testimonio de su caminar por las tierras de la Florida, entonces nos daremos cuenta de que, al menos, el comienzo formal de la cinta es lo que el mismo Álvar nos narra hasta el décimo capítulo de los Naufragios. De hecho, en esta escena, la equiparación entre el texto y la cinta es perfecta; nos encontramos con una balsa que flota en medio de la inmensidad de la noche y la inmensidad de la grande mar, en esta balsa viaja nuestro personaje principal y algunos miembros sobrevivientes de la flota que originalmente era de 600 hombres, y cuyos navíos han quedado destrozados debido a las grandes dificultades que presenta la mar. Y de pronto se divisa una segunda barca que surca la oscuridad de la noche, es nada menos que la barca en la que viaja el organizador de tan fatídica expedición, el gobernador y adelantado Pánfilo de Narváez, el mismo que, ante tal situación de dificultad, se expresa en los siguientes términos: “…ya no es tiempo de mandar unos a otros; que cada uno haga lo que mejor le parezca para salvar la propia vida…”; “…y diciendo esto, nos comenta el tesorero Álvar, se alargó con su barca…”.

Una vez tocada tierra comienza la verdadera hazaña de Cabeza de Vaca. A pie, desnudo como un indio, desarmado y sin cruces ni evangelios, se lanzó a la caminata más descomunal de la historia (ocho mil kilómetros a través de lo desconocido), ocho años entre diferentes pueblos indios que lo han tratado de diferentes maneras. Su condición de náufrago entre pueblos desconocidos va de la esclavitud más humillante hasta la de personaje divino que posee el poder de decidir entre la vida y muerte de aquellos indios que lo siguen. Es quizá esta parte la que mayor sentido le dé a la película; si bien el texto nos dice poco de la condición de esclavo por la que atraviesa Álvar, la cinta sí lo remarca, pero sólo con la finalidad de poner al personaje en manos de un misticismo indio que termina por envolver a casi la totalidad de la película. En primer término se presenta la importancia de la magia nativa como un medio seguro para subyugar la voluntad de Álvar. Cabe destacar que las referencias en el texto, al respecto de los rituales religiosos, son casi nulas. En segundo lugar, se recuerda que Cabeza de Vaca nos deja especificado en los Naufragios que tuvo que escapar de aquellos indios que lo esclavizaban, mientras que la cinta nos hace pensar que, para poder obtener su libertad, tuvo primero que atravesar por una espacie de iniciación mágica, tuvo que participar de los rituales místicos de los indios, no sin antes atravesar por serias crisis internas que lo hacen confrontar su identidad castellana con su posición dentro de una nueva sociedad, una sociedad de la que hasta ahora era totalmente ajeno. Pero todas estas cosas no son más que preámbulos que definirán finalmente a Cabeza de Vaca como una especie de protocurandero. Además, el contacto con pueblos más benévolos que los primeros le permitirá presentarse como un tipo mesiánico; o –exageración consciente- como un shaman redentor de los pueblos por los que atraviesa.

Sin lugar a dudas, una de las escenas que más llaman la atención visualmente es con la que cierra la película. Vemos como un grupo de castellanos carga una inmensa cruz a través de las tierras casi desérticas del norte, símbolo de la empresa evangelizadora. Y sin embargo cabe recordar que esa avanzadilla de castellanos que encuentra y rescata a Álvar y a sus tres compañeros, y que –imaginación al aire- ahora cargan esa gran cruz, no es más que un grupo de traficantes de esclavos indios en busca de su presa; acción pretendidamente justificada por la acción del evangelio. Esto último quizá no se exprese tan de manifiesto en la película, pero el mismo Cabeza de Vaca nos deja expresado en su relato cómo es que los cristianos mantenían en un estado de continuo terror a los pueblos indios que, hasta antes de la llagada de los expedicionarios, vivían en aquellas tierras. Quizá una interpretación más sana de lo que significa esta gran cruz que cargan los hombres sea la que se lee en el texto de Cabeza de Vaca, quien da orden a los indios que le siguen de construir iglesias y plantar a la entrada una cruz que les recuerde quién es el verdadero y único dios.

Finalmente, bien se puede concluir que la cinta, tratando de verla de manera totalmente independiente del texto, resulta ser una excelente muestra de lo que se ha dado a llamar “nueva era del cine mexicano”, que desde finales de los ochenta ha tratado de insistir más en calidad –a pesar de las constantes reformas presupuestales- que en cantidad. No resulta el mismo caso para quien lea con algo de detenimiento el texto de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y lo compare con la cinta. Como antes se dijo, la película carece, al menos parcialmente, de veracidad frente a las fuentes historiográficas. Frente a esto, se puede aseverar que se trata de una dramatización o ficcionalización histórica y no de una película apegada a los hechos reales. Así, de esta manera nos queda claro que la película presenta su valor más como obra de arte que como fuente de estudio histórico.


Bibliografía en PDF

Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Naufragios y Comentarios.

La rebelión de los colgados

Traven Torsvan (Bruno Traven)
La rebelión de los colgados
Editorial Selector

“Pero Dios que vino a la tierra ha dos mil años para salvar a los hombres, olvidó sin duda a los indios”.

A diferencia de Oficio de tinieblas de Rosario Castellanos, en este trabajo de Bruno Traven se toca el tema religioso de manera muy ligera, pero no por ello menos importante. Aquí la religión es vista como algo que se vive en la cotidianidad, es algo que no necesita de cruces o de ídolos de piedra, no necesita de templos ni de iglesias. Basta con sentirlo en el martirio, en el sufrimiento diario de la esclavitud que se vive en las monterías bajo la mascara hipócrita de peonaje asalariado; basta sentirlo en el odio y el terror a los capataces, enganchadores y patrones para sacarlo a relucir en la plática de café, tortilla dura y frijoles viejos.

Pero no se trata de salvar a todos los hombres, al menos no al HOMBRE. Se trata de salvarse a sí mismo, de salvarse de los salvajes castigos que impunemente son practicados en su persona por los capataces. Los indios saben que si ellos no hacen nada para salvarse a sí mismos, nada ni nadie hará absolutamente nada para socorrerlos; ni el gobierno dictatorial positivista, ni el clero, ni nadie se apiadará de su situación de vasallos de los grandes terratenientes, en este caso, los concesionarios de las monterías.

Así, instigados ya no por caudillos (que eso es lo que menos importa), sino por el deseo y anhelo de volver a sus casas y con sus familias, y sobretodo por el deseo férreo de ganar la libertad, los “muchachos” emprenden una revolución que ya no puede detenerse hasta que el último indio no sea liberado de los malos tratos de los ladinos opresores. Los mismos ladinos que no se tentarán el corazón para dejar morir a los indios a la puerta de sus casas, los mismos que sin preocupación alguna fungen como bribones prestamistas que no tienen otra mejor forma de cobrar mas que enganchándolos a futuros sin futuro.


miércoles

Slam Poetry Ciudad de México

Algunas imágenes del Slam del pasado 1º de marzo en el Centro de Cultura Digital, Ciudad de México.










"El Slam es un poema que sale del closet" —@komatrudulandia